Leer y Quemar

Viddy well, little brother.Viddy well.(A clockwork orange)

lunes, febrero 06, 2006

Ferraz

Calle Ferraz, cuartel general del PSOE. Había quedado allí para cenar con mi padre. En concreto, mi progenitor se vino el sábado a la capital de las Españas a un congreso de Izquierda Socialista, la corriente supuestamente crítica del partido, el ala mínimamente roja, el escaso grupo de nostálgicos que aún piensa que el PSOE puede volver a ser el de Pablo Iglesias o Largo Caballero. Por ilusión, que no quede.

No había estado nunca en Ferraz. Es más pequeño de lo que imaginaba. Y desde luego, más pequeño que Génova. La fortaleza del PP te asalta de repente. Vas andando por el centro y sin esperarlo te encuentras una mole de cristal y cemento dominando toda la calle Génova, con una Gaviota azul y dos Pes de dimensiones hiperbólicas que te observan silenciosas y amenazantes mientras pasas a su lado. La guarida del PSOE, en cambio, anda algo más escondida. Guarda algunos parecidos con la del Partido Popular. Las dos, por ejemplo permanecen las 24 horas vigiladas por una lechera de la policía aparcada a unos 30 metros en la acera de enfrente. Las dos intentan dar cierto aire tímidamente vanguardista y tecnológico. Poco más. La sede socialista es más modesta. Esperaba algo más solemne, más subyugante; o al menos, en compensación, algo con cierto aire nostálgico. Ni por esas. El sitio parece antes una oficina del paro que el germen neurálgico del Gobierno. Decepcionante.

La única nota de color la ponen los grupos de fumadores en la puerta. Muchas bufandas, muchas barbas, mucho color marrón y mucha señora cincuentona progre teñida de pelirrojo. En el suelo, como alfombra, una capa formada por la montaña de cigarrillos consumidos a lo largo del día. Por lo visto, me cuenta mi padre, un rato antes de que llegase se les ha acercado una vecina indignada. “Son ustedes unos cerdos.”, ha empezado a gritarles. “Sacan una ley para no fumar y ni siquiera la cumplen. Y luego encima dejan las calles perdidas. Guarros, más que guarros.”

“Qué exagerada, ¿no?”, comento.

“Qué va”, me responden. “La señora era bastante simpática. Al final todos hemos acabado dándole la razón”.