Leer y Quemar

Viddy well, little brother.Viddy well.(A clockwork orange)

miércoles, febrero 15, 2006

Sobre este blog

Lo admito: este blog hasta ahora no ha tenido ni pies ni cabeza. No es algo del todo extraño, le sucede a la inmensa mayoría de bitácoras que pululan por la red. A mí, sin embargo, quizás por algo de orgullo, me enerva. De cuando en cuando dejo caer mis ojos por las grises y misérrimas existencias de otros blogger y mi ánimo comienza a derretirse línea tras línea. Diantre, murmuro, ¿seré otro más de ellos? ¿Tan viscosamente encantado de haberme conocido? ¿Tan triste? ¿Tan insustancial? ¿Tan artificial? ¿Tan carente de estilo?¿Con tan poco que decir?

“Es posible”, responde a gritos una vocecita interior que se divierte destruyéndome. Entonces me leo. Releo lo que llevo escrito. Para mi consuelo, compruebo que a diferencia del blogger medio aún no chapoteo con absoluto frenesí en mi propio narcisismo. Por más que la mediocridad me saque la lengua y me guiñe los ojos, de momento no he accedido a sus más bajas proposiciones. Eso me tranquiliza, pero no del todo. Al echar un vistazo a mis post cierta insatisfacción se hace manifiesta. Por cada vez que sonrío al menos hay doce que me muerdo los labios.

Recapitulemos la situación. Hasta la fecha he intentado cada cierto tiempo encontrar cierta coherencia interna para el blog. Sin embargo, a poco que me lanzaba a escribir algún post esa lógica se me iba de las manos, escurridiza cual pastilla de jabón en la bañera. En su corta y poco leída andadura esta página ha oscilado errática de un lado para otro como quien lleva cinco copas de más. De la introspección satírica y el ombliguismo primigenio saltó a la denuncia social. A continuación, durante el camino hubo un par de prometedoras incursiones en la observación costumbrista que por ahora se han quedado en eso, en promesas. Más tarde vinieron algunas vueltas por el lagrimeo postadolescente con pretensiones de nausea sartriana, combinado con un paisajismo de corte ñoño; y así hasta acabar en una incomprensible mezcla de anécdotas de cafetería, una crítica melómana que no pega ni con cola con el resto y un “mira-lo-que-me-ha-pasado-esta-tarde” con una gracia tan escasa como su extensión.

Visto lo visto, y teniendo en cuenta la idiocia reinante (en el mundo en general y en la blogosfera de forma consumada), es posible que esta crítica suene excesivamente dura. En los tiempos que corren, donde el conocimiento de la gramática y la sintaxis rara vez sobrepasa al corrector del Word, poner las comas en su sitio es algo que le convierte a uno en Shakespeare. Pero eso no me vale. Niet. El mal de muchos consuela a los necios. En el reino de los ciegos los tuertos siguen siendo tuertos. Puede que por Leer y Quemar hayan aparecido algunos destellos de luz, pero eso no hace más que confirmar la oscuridad del resto. En definitiva, como diría Ortega y Gasset mientras la República se hundía en el fango: “No es esto, no es esto”.


¿Y ahora qué, eh?

A Leer y Quemar, me he dado cuenta, le faltaban algunas cosas que hacen que cualquier blog (y también es válido para el concepto oxidado de diario), pueda despertar un mínimo de interés. Básicamente una: vísceras. Básicamente otra: crueldad. Básicamente una tercera: exhibicionismo. Y por último básicamente añadir una carcajada pantagruélica y de un volumen pavoroso que sirva de camuflaje a todo lo demás. Esa es mi idea de blog. Con esa actitud no hace falta ni siquiera llevar una vida interesante. Mis propias desventuras al subir o bajar del metro me despiertan una y mil veces más fascinacion que la grisitud rampante de otras muchísimas páginas. Solo hace falta cierto ojo enfermo y echar carne al blog para que cualquier perro pueda morderla.

Si hasta ahora no he llegado a ese punto ha sido por pacatería, por cierta prudencia razonable a mostrar mis tripas por Internet y por la confianza ingenua en que podría mantener bien atados a mis fantasmas mientras hablaba de mi vida. Pero después de estos meses, y dado que mis demonios quieren pasearse libremente por aquí, he decidido invitarles a que salten a la plaza y comiencen a bailar, a que se contorsionen con alegría orgiástica ante la blogosfera; a que desfilen alegremente ante quienes deseen malgastar su tiempo y su ocio en estas líneas. Espero que con eso Leer y Quemar vuelva a hacer honor a su título. Espero que nada de lo que aquí escriba merezca salvarse del fuego.

Espero, sinceramente, que lo disfruten.

lunes, febrero 06, 2006

Ferraz

Calle Ferraz, cuartel general del PSOE. Había quedado allí para cenar con mi padre. En concreto, mi progenitor se vino el sábado a la capital de las Españas a un congreso de Izquierda Socialista, la corriente supuestamente crítica del partido, el ala mínimamente roja, el escaso grupo de nostálgicos que aún piensa que el PSOE puede volver a ser el de Pablo Iglesias o Largo Caballero. Por ilusión, que no quede.

No había estado nunca en Ferraz. Es más pequeño de lo que imaginaba. Y desde luego, más pequeño que Génova. La fortaleza del PP te asalta de repente. Vas andando por el centro y sin esperarlo te encuentras una mole de cristal y cemento dominando toda la calle Génova, con una Gaviota azul y dos Pes de dimensiones hiperbólicas que te observan silenciosas y amenazantes mientras pasas a su lado. La guarida del PSOE, en cambio, anda algo más escondida. Guarda algunos parecidos con la del Partido Popular. Las dos, por ejemplo permanecen las 24 horas vigiladas por una lechera de la policía aparcada a unos 30 metros en la acera de enfrente. Las dos intentan dar cierto aire tímidamente vanguardista y tecnológico. Poco más. La sede socialista es más modesta. Esperaba algo más solemne, más subyugante; o al menos, en compensación, algo con cierto aire nostálgico. Ni por esas. El sitio parece antes una oficina del paro que el germen neurálgico del Gobierno. Decepcionante.

La única nota de color la ponen los grupos de fumadores en la puerta. Muchas bufandas, muchas barbas, mucho color marrón y mucha señora cincuentona progre teñida de pelirrojo. En el suelo, como alfombra, una capa formada por la montaña de cigarrillos consumidos a lo largo del día. Por lo visto, me cuenta mi padre, un rato antes de que llegase se les ha acercado una vecina indignada. “Son ustedes unos cerdos.”, ha empezado a gritarles. “Sacan una ley para no fumar y ni siquiera la cumplen. Y luego encima dejan las calles perdidas. Guarros, más que guarros.”

“Qué exagerada, ¿no?”, comento.

“Qué va”, me responden. “La señora era bastante simpática. Al final todos hemos acabado dándole la razón”.