Sobrevivir a 2005.
Disparen a matar.
Ian Blair, jefe de policía de Londres.
Estados Unidos nunca ha torturado terroristas
en cárceles secretas del Este de Europa.
Condoleeza Rice, secretaria de estado de Estados Unidos.
¡Que viva la coca y que mueran los yanquis!
Evo Morales, en campaña, días antes de convertirse
en presidente de Bolivia.
Alerta, alerta, alerta que camina /
el sable de Bolívar por América latina.
Caracas. Manifestación de
partidarios del Gobierno de Hugo Chávez.
Para terminar, le agradezco que me haya citado,
cada vez que alguien de su grupo habla de mí los votos de mi
partido se multiplican. Y ahora permita que me despida con
un homenaje catalán al Quijote: Ladran, luego cabalgamos.
Josep Lluis Carod Rovira, líder de Esquerra
Republicana de Cataluña, dirigiéndose a Mariano
Rajoy en el debate sobre el Estatut celebrado en
el Congreso de los diputados.
Señor presidente, a usted le hemos escuchado hablar del rey
republicano y del ejército pacifista. Ahora nos sorprende con
un nuevo invento: el independentismo constitucional.
Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular,
en la misma sesión, dirigiéndose al presidente de
de España, José Luís Rodríguez Zapatero.
Es un paso, pero no es el paso.
José Luís Rodríguez Zapatero, presidente del
Gobierno de España, en referencia a la
propuesta del velódromo de Anoeta por la que
Batasuna se compromete a perseguir sus
objetivos políticos por vías exclusivamente
democráticas.
Es un paso, pero no es el paso.
Arnaldo Otegi, portavoz de Batasuna, en
respuesta a la propuesta del Congreso de los
diputados por la que el Gobierno se compromete
a dar una solución dialogada al conflicto vasco si
ETA abandona definitivamente las armas.
Cada noche hacemos un Bagdad.
Extrarradio de París. Una pintada.
Sí, quiero.
Pedro Zerolo, gay.
Se acaba un año y se supone que hay que decir algo al respecto. Durante todo el día llevo leyendo, escuchando y viendo reportajes sobre todo lo que ha pasado en el mundo en los últimos 12 meses. Estos resúmenes me enganchan. Soy un completo adicto a ellos. Tanto, que no puedo resistir la tentación de hacer el mío propio.
Tal y como funcionan los medios de comunicación, lo importante no es explicar por qué suceden las cosas. La imagen, se piensa, lo explica todo. Lo cual es una solemne memez, porque la imagen casi nunca explica nada. Impresiona, eso sí. Y esa impresión produce la sensación de haber entendido algo, lo cual no es en absoluto exacto. Para comprender hay que buscar antecedentes, recelos culturales, consecuencias históricas, problemas sociales, conflictos internacionales. Eso quita tiempo. Y además los medios tampoco tienen ganas de andar buscando explicaciones. Las explosiones dan audiencia, el análisis produce somnolencia. La investigación sesuda no tiene nada que hacer frente al zapping. Y en la misma línea, este blog, por falta de tiempo, espacio, bibliografía y talento, ha de optar inevitablemente por la batidora de imágenes. Son estas:
London Calling
El grito de Edvard Munch en el metro de Londres. Gran Bretaña, esto es, Occidente en estado puro, es cuatro veces castigada. Primero, el G-8 en Greneable. Después, el terror. La misma fórmula que en Madrid: cuatro explosiones en el transporte público. Total: 58 muertos. Una semana más tarde, de nuevo el terror. Nuevas explosiones, sin víctimas. Poco después, el pánico. Jean Carlos de Menezes: siete tiros en la cabeza. Delito: cazadora sospechosa, rostro sospechoso, color sospechoso.
Se dijo, antes de que el tiempo demostrase el engaño, que la flema británica hacía a los londinenses más tranquilos que los madrileños y, desde luego, mucho más que los neoyorquinos. Falso, por supuesto. Entre el World Trade Center, Atocha y Picadilly no sólo varía las cifras de muertos. Lo señaló John Berger, un crítico de arte: la diferencia principal ha sido sobre todo de imagen. El 11 de septiembre se vio el choque en directo del segundo avión, las dos torres desplomándose y a ejecutivos todopoderosos lanzándose al vacío. En Madrid lo que se vio fueron cuerpos desmembrados, un señor llorando y un tren de cercanías convertido en un enorme agujero circular que conducía directamente a un cambio de Gobierno. En Londres, ni siquiera eso: oscuridad, gente huyendo, máscaras antigas. Ni un solo cadáver. Con eso se pudo tener tranquilidad un par de semanas. Lo justo hasta que las bombas aparecieron de nuevo. Este año le tocó a Londres. En 2006 será otro sitio. En Roma, por si acaso, se ponen la venda antes de la herida. Silvio Berlusconi: que nadie relacione esto con Irak.
Oh, mein gott!
Pero Roma ya este año tuvo suficiente dosis de protagonismo. Murió un papa. El Vaticano pasó a ser el centro de la tierra. Las conmemoraciones sorprendieron a la misma iglesia. Se dio la mayor peregrinación de la cristiandad. El funeral tuvo el aspecto de un macroconcierto, nunca se vieron tantos jefes de estado juntos. Durante unos días, el mundo no fue el mismo. La humanidad careció de contacto directo con Dios. Por suerte, a la semana siguiente pasó a tenerlo directamente con el diablo. Subía a los altares el Papa Negro profetizado por Nostradamus. Conspirador, maquiavélico, ultraderechista, de rostro espectral, antiguo miembro de las juventudes hitlerianas, antiguo prefecto para la congregación de la doctrina de la fe (antiguo Santo Oficio, antigua Inquisición). Su nombre: Joseph Ratzinger. Sus apodos: martillo de herejes, panzerkardinal, guardián de la ortodoxia, God´s rootwailer, monseñor “No”. Este es el líder espiritual del mundo.
La mejor portada del día siguiente a su nombramiento la dio un periódico alemán, el Berliner Tageszeitung. Un fondo completamente negro y sólo tres palabras: Oh, mein gott! (¡Oh, dios mío!).
Tortura globalizada
El liderazgo político, mientras, continúa en manos de la necedad personificada. La última novedad del Imperio consiste en la deslocalización de la tortura. Al igual que las fábricas de zapatillas deportivas, la CIA abre cárceles en los países donde resulte menos costoso saltarse la convención de Ginebra. ¿Pavoroso? Sí. ¿Qué hacer? ¿Llamamos tonto y malo a Bush? ¿O llamamos tontos y malos a sus votantes? Mucho se insulta diariamente a Bush, tanto que ya es innecesario, su nombre se ha convertido en sinónimo de insulto. Probablemente sea, leí una vez, el peor político de la historia desde que Calígula hizo cónsul a su caballo. Su imagen más recordada este año fue la nota que envió a Condeleeza Rice: ¿puedo ir al servicio? Ocurrió en la 60 asamblea de la ONU, marcando todo un signo del respeto que esta institución despierta en Washington. A lo largo del año, el desastre mental de Bush siguió paralelo al desastre material de su país. El Katrina, un ciclón que pasó por Cuba sin dejar muertos, dejaba imágenes tercermundistas en Nueva Orleáns. Donde antes había jazz ahora quedan sobre todo escombros y una peste en el aire de dimensiones bíblicas.
Aún así, si se trata de buscar castigos de los dioses nada se acerca al tsunami con el que se presentaba el año. Hace poco más de un año casi nadie conocía esa palabra. Ahora se emplea con una ligereza sorprendente: un tsunami de accidentes de tráfico, el tsunami del Estatut, el tsunami de la violencia doméstica. La vez más descalabrante la escuché en una obra de teatro esperpéntica. “Esta es mi amiga Paqui, la sunami”.
Lo del tsunami fue tan bestial que sorprende la rapidez con la que se ha olvidado todo aquello. Un trozo de Asia quedó pulverizado. Parecía irreal. Y frente a la imagen de la ola sí es cierto que las palabras pierden bastante fuerza. En cuanto sepa colocar imágenes en el blog, una de las primeras que meteré será la ganadora del World Press Photo 2005. En ella, una mujer llora la muerte de un familiar muerto al sur de India. Como él murieron otras 230.000 personas, exactamente la misma cifra que alcanzaron las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y una marca que se acerca bastante a la que dejaron en España tres años de Guerra civil. Según dijeron los expertos, el grado de inclinación de la tierra varió varios centímetros. No sé lo que significa eso. En cualquier caso, es para echarse a temblar.
El sable de Bolívar
La esperanza, si es que existe, continúa en Sudamérica. El lema de los círculos bolivarianos de Venezuela cada vez se deja escuchar con más fuerza en todo el cono sur: “Alerta, alerta, alerta que camina / el sable de Bolívar por América latina”. Mientras el hermano americano se pierde en Oriente Próximo, el patio trasero se rebela. Kirchner, a pesar de su pasado peronista, y Lula, a pesar de su presente corrupto, lograron decir que no al ALCA, el tratado de libre comercio que impulsaba Estados Unidos. Regodeándose, y casi más por fastidiar que por otra cosa, Hugo Chávez y Castro sacaron el ALBA (Alternativa Bolivariana de las Américas). Al mismo tiempo, la izquierda gana fuerza en Chile y en Bolivia arrasa Evo Morales, un líder indigenista que nada más acceder al palacio presidencial busca la nacionalización del gas y dice que los contratos con Repsol son ilegales.
La primera pregunta que surge mirando todo esto es: ¿cuánto tardará Estados Unidos en intervenir militarmente o apoyar algún golpe de estado? Un asesor de la Casa Blanca ha dado el primer aviso: “No podemos permitirnos en Venezuela el mismo error que en Irak. No hay que hacer la guerra, hay que matar a Chávez”.
Bagdad, allí sigue
El mundo árabe, lejos de haberse serenado, parece cada vez más un polvorín con un ciento de cerillas alrededor. En la jaula de locos global ha aparecido un nuevo protagonista. De 2005 queda un nombre que habrá que ir memorizando: Mahmud Ahmadineyad. Apenas lleva unos meses dirigiendo los destinos de Irán, pero sus opiniones sobre el conflicto israelopalestino ya han dejado patidifusa a la comunidad internacional. ¿Cómo solucionarlo? Él da dos opciones. Una: echar a Israel al mar. La otra: que Alemania y Austria dejen un hueco de su territorio y que se vayan para allá todos los judíos. Sus últimas declaraciones, más chocantes todavía, han sido sobre el genocidio nazi. “¿Holocausto dice? Ja. Menudo cuento”.
Mientras, en Irak siguen las cosas igual que en 2004, igual que en 2003 e igual que seguirán en 2006. Cada cierto tiempo los iraquíes votan. Cada cierto tiempo, explotan. Lo más relevante este año sobre Irak ha sido su pérdida de interés informativo. A principios de año los atentados en Bagdad podían llevarse fácilmente la primera página. Luego eran necesarios un número mínimo de muertos para que un atentado pudiera considerarse noticia. Ahora 20 cadáveres sólo ocuparían un breve en las páginas centrales. Actualmente, harían falta más de 50 víctimas en varias ciudades para que una noticia sobre Irak volviese a abrir el telediario.
De hecho llama más la atención un coche ardiendo en París sin nadie dentro que un coche saltando por los aires en el centro de Bagdad. La revuelta de los extrarradios francesa ha sido más un juego de adolescentes inadaptados que la intifada revolucionaria que muchos pronosticaban. Hubo quien habló de una vuelta al mayo del 68. Cuánta ingenuidad. En el París del 68 había un Jean Paul Sartre al frente de la historia y un grupo de universitarios de buena familia que por primera vez se daban cuenta de la relación directa entre hacer la revolución y hacer el amor. En las universidades había literatura y teoría política. En los suburbios sólo queda la rabia. Del 68 salieron varios ministros, de aquí sólo saldrá lo que dijo el superministro Sarkozy: “escoria”.
Una, grande y plural
De todas formas, se quiera o no, en Francia existe cierta agitación social, hay un mínimo de debate público, se da por sentado que el modelo de integración ha fracasado. Francia plantea preguntas. La agenda política es, de algún modo, interesante. Sobre la mesa se ponen cuestiones que tarde o temprano habrá de hacerse el resto de Europa. El debate sobre la constitución europea fue doce veces más intenso que en España. Al igual que aquí, los dos partidos mayoritarios apoyaron con devoción un texto que probablemente nadie se hubiera parado a leer. Pero los franceses se interesaron, se dieron cuenta de en qué consistía el eurotimo y acabaron dando un “no” por respuesta
En España, donde Europa provoca casi tanta indiferencia entre los ciudadanos como frenesí espongiforme entre los periodistas, la política se mantiene con su habitual nivel de degradación. El debate, casi el único debate, omnipresente, omnisciente, omnimediático, es el que afecta a la reforma territorial. Es algo que irrita los oídos. Aburre soberanamente que sólo se hable de soberanía, de patrias, de banderas, de pueblos, de naciones, de nacionalidades, de regiones. Todas las palabras mohosas del XIX protagonizan los primeros años del XXI sin que nadie repare en su hedor.
No hay parlamentario que no hable como si estuviera enfundado en un trapo. El año empezaba con Ibarretxe hasta en la sopa y luego terminó con Maragall y Carod a todas horas. A Ibarretxe se le dio un portazo. A Maragall, un ya veremos. Entre unos y otros han hecho que en 2005 toda la vida periodística en España se basara en cuatro textos que casi nadie debe haberse leído: La constitución Europea, el Quijote, el plan Ibarretxe y el Estatut.
Respecto a estos dos últimos, el electorado asiste mayoritariamente a este circo con un bostezo en la boca. Todos a excepción de los militantes del PP, a quienes su partido ha conseguido inflar los ánimos a base de una estrategia consistente en apagar los fuegos con gasolina. Si Cataluña pide más soberanía, el PP convence a sus votantes de que se está gestando un cambio de régimen. Si Ibarretxe pide espacios de cosoberanía se habla de la independencia de las vascongadas. Si una selección catalana de Hockey sobre hielo gana un mundial apaga y vámonos. Es el acabose. España: requiescat in pace
La exageración del PP ha alcanzado niveles sofronizantes. Una de las pocas decisiones inteligentes del Gobierno, la legalización del matrimonio homosexual, levantó una manifestación de odio nacionalcatólico. Más tarde, la decisión de abrir un diálogo con ETA si deja las armas, (algo más que razonable, y más el año que el IRA entregaba las suyas), se interpretó como una victoria de la banda. En los 80 ETA mataba a más de 80 personas por año y sus objetivos pasaban por la independencia de Euskal Herria, con Navarra como condición obvia. Hoy seguramente declarase el alto el fuego a cambio de una amnistía de los presos y la legalización de Batasuna. Y bueno, no parece muy lógico poner bombas durante 40 años para que el objetivo final sea una reducción de las penas de cárcel y la legalización de un partido que hasta hace poco era legal.
Aún así, ¿para qué discutir? España, como pintó Goya y como insiste Reverte cada semana con más pesadez, es el país donde dos tipos se sacuden bastonazos hasta que se parten la crisma. Y en esas estamos, otro año más.
Lo único que cabría esperar, aunque no sé si es pedir mucho, es que tuvieran un poco más de talento, porque el año acaba con una indigencia parlamentaria que da grima. Con Zapatero llamando al otro patriota de hojalata y Rajoy respondiendo que es mejor eso antes que ser un bobo solemne. Después, cuando el Gobierno presenta sus quejas, Rajoy se excusa diciendo que él no ha dicho a quién se refería ni de quién estaba hablando, y que si Zapatero se ha visto como un bobo solemne es porque debe serlo. Y estos argumentos, que me recuerdan al patio de recreo de mi guardería, son los que marcan el rumbo político del Estado.
Concluyendo
La tierra se desmorona y España se deshace como un azucarillo en el café. Así acaba 2005. Todo parece permanentemente a punto de estallar. Y sin embargo luego, sin que se sepa muy bien por qué, no estalla. O no del todo, de momento. Esperemos a ver que pasa en 2006. Un año en el que, de ser posible, espero escribir post algo más cortos.

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